No hay nada mejor que una blanca navidad donde todas las casas parecen la cabaña de Santa Claus. El frío nos forza abrazarnos un poco más fuerte y a querer invernar como una familia de osos en pleno invierno.
Es fácil creer que las nubes han bajado al suelo cuando neva por primera vez. Todo se ve blanco, puro y celestial. No se ven los caminos por lo que se crean los propios y aunque al caminar en la nieve tus pasos tal vez se sienten frios el andar se siente de cierta forma angelical.
Candelas y decoraciones navideñas nos invitan a concluir un año, bebiendo, comiedo y festejando. Pero pronto el color rojo se desvanecera y la blanca navidad se derritirá. Entonces volveremos a nuestra rutina diaria donde el reto será recordar que los verdaderos regalos son nuestra familia, bienestar, amor y hermandad.
Moraleja: Aun el frío puede ser acogedor.







