Acorde al calendario el verano ha llegado a su fin. Los niños regresan a la escuela y la diversión toma un descanso. Es casi imposible no pensar en arena y sol cuando se habla del verano. Así mismo, es imposible ahora para mí no pensar en Florida y en la mejor playa de Miami cuando hablo de arena y sol.
Dicen que en Miami el clima es tan incierto como en San Francisco. El cielo puede estar despejado y de repente empieza a llover. Aun así, cuando pienso en Miami lo único que viene a mi mente es el sabor de pleno verano, con personas almorzando al fresco sin quejarse de calores extremos.
He tenido la oportunidad de visitar Miami muchas veces. La última vez fue la semana pasada cuando estuve de paso solo por un día camino a casa de regreso del cumpleaños de mi amiga Adriana. Aun con jeans y maletas, camino al aeropuerto no me puede resistir en ir a tocar el agua. Hubiese sido insólito estar en Miami y no ver la playa, la misma playa que aunque ya la he visto varias veces siempre me gusta admirar. Pero esta vez fue diferente.
Me llevaron a una playa para mi desconocida, donde hasta el mar se miraba distinto. La arena se veía más blanca y se sentía más suave. El agua era perfecta. Inmediatamente al llegar el panorama me cautivo. No pude hacer nada más que mantenerme en silencio y a pesar de haber personas allí, no escuche nada más que las pequeñas olas del mar.
¿Cómo era posible que no supiera que este lugar estaba allí? Es como cuando encontramos una foto vieja en un cajón el cual ya hemos abierto repetidas veces. Pues esta vez saque la foto y la enmarque. Diez minutos después ya me tenía que ir, así que rápidamente tomé unas cuantas fotos para poder compartir tal belleza con ustedes. Para variar las fotos no le hacen justicia, ya que la playa es mucho más bella de lo que se ve aquí. El lugar quedará grabado en mi mente y en mis sentidos por siempre.
La próxima vez que visite Miami ya saben dónde encontrarme. Aquí les dejo unas pistas del lugar… si saben donde es, no lo digan. Pero sí me encantaría saber si les gusta el lugar tanto como a mí.
¿Ya has estado tú aquí?
Moraleja: cuando creas conocer algo como la palma de tu mano, solo recuerda que en realidad ni la palma de tu mano realmente conoces.




