Son más de las diez de la mañana y ambos niños aún duermen. Es un milagro. Es una mañana tranquila. No se escucha ni un ruido, hasta el perro ha decidido ignorar su reloj despertador interno y mantenerse en silencio. Saboreando mi taza de café sonrío y decido escribir un post con un poco de miedo a que el sonar de las teclas despierte a los bellos durmientes.
Pero aun asi me arriesgo y empiezo a escribir, ya que como una principiante creo que el mejor tiempo para poner mis pensamientos en papel es inmediatamente. Tomo mi teléfono y hago zoom para captar una imagen de mi princesa. No me molesta que la toma haya salido algo borrosa porque para seguir en paz ahorita debo de mantener mi distancia y esquivar su radar.
Quedan solo un par de días más de vacaciones para que los niños regresen a la escuela por lo que será hasta entonces que mi propio horario estará organizado. Esta semana aún seguimos invernando y tratamos de ser creativos con actividades dentro del hogar. El parque aún se siente frío y no sería apto salir de casa con ropa de dormir la cual ha sido nuestro uniforme en los últimos días.
Este año promete ser magnífico y al mismo tiempo aterrorizante. Este año estará cargado de trabajo pero al mismo tiempo de oportunidades. Este año se siente ya diferente, se siente como el comienzo de una nueva era la cual me emociona pero también me tiene algo nerviosa. Tomaré un día a la vez.
He decidido hacer un “vision board” para mantenerme motivada a lograr mis metas. No tengo resoluciones porque mi hijo sabiamente me enseño a mejor pedir deseos. Él me explicó que siempre y cuando trabajes duro para convertir tus deseos en realidad estos son casi igual que las resoluciones con la única diferencia que los deseos llevan una connotación de esperanza.
Pero bueno hasta acá llego éste post ya que acabo de ver salir a mi chiquita de su cuarto y por supuesto se fue directo a despertar a su hermano. Mi recreo ha terminado.
Moraleja: Son los momentos de silencio los que a veces nos dicen más.



